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martes, 17 de marzo de 2009

Nina Soncco, Confesión

No busques pretextos para no confesarte esta tarde
Estuve yo, en mi cuarto esta tarde, leyendo la Eneida de Virgilio,
cuando de pronto, comenzó a llover furiosamente, el éter
comenzó a tronar y caian Rayos del cielo, entonces mi curiosidad me empujo
a salir a la azotea de mi casa y ver ese magnifico espectáculo con mis propios ojos,
Contemple el poder del rayo brillante y disfrutaba de las gotas de lluvia sobre mi piel
cuando de pronto, una nube gigante y negra trono tan fuerte que los vidrios
de mi casa retemblaron todos; Entonces, un poderosísimo rayo de luz abrió un hueco
en la gran nube y una voz mas potente que cien truenos me dijo:
"Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último".
Entonces me llene de espanto y el alma se me cayo a los pies, luego,
quede dormido y entre en un sueño divino, en el cual piloteaba una ligera nave de cristal, en la cual navegaba por un infinito océano de Luz, tenia una tripulación a mi mando de 12 hombres y con ellos navegue durante 40 días, después de eso llegamos a una isla donde las piedras eran de oro puro, entonces se acerco a mi Un Divino Padre Solar, que viene desde los lejanos soles Alfa y Omega, de la Galaxia Trino del Macrocosmo; Y me dijo: Hijo muy amado, que bueno verte después de tanto tiempo. Y antes de que pudiera responder palabra alguna, me tomo ambas manos y una gran luz me envolvió, en ese momento pude ver todas mis vidas pasadas, presentes y futuras; Al termino de esta visión, me encontré a mi mismo sentado en una gran mesa y una hermosa mujer se me acerco trayéndome exquisitos manjares, cuando la mire a los ojos en ella reconocí a mi abuela muerta hace mucho tiempo y mi alma se lleno de alegría.
Cuando volví a despertar la lluvia y la noche habían concluido y delante de mi, el hermoso volcán, de forma piramidal, que reina en mi ciudad, brillaba coronado de nieve blanca y brillante como la luz que me envolvió en mi sueño.